martes, 12 de agosto de 2008

El Caballero Oscuro

Resulta difícil hablar a estas alturas de El Caballero Oscuro a un mes pasado de su estreno americano cuando medio mundo ha sido invadido por críticas, insultos hacia los críticos y una amalgama de opiniones enfervorizadas en Internet. No me gusta todo lo que se ha montado alrededor del film. Sin ir más lejos que la película ocupe la primera posición del ranking de mejores películas en IMDB, a pesar de su nulo valor cualitativo, me parece casi yihaidista.

Nolan ha conseguido elevar el concepto de blockbuster hacia una categoría nueva y diferente. Si la primera entrega era un tratado psicológico en toda regla sobre la mente de un hombre perturbado obligado a defender la idea del bien, aquí topamos con un análisis sociológico de una sociedad que se desintegra por momentos. Sin necesidad de grandes fuegos artificiales, Nolan hace un perfecto análisis de la sociedad americana post 11 de Septiembre donde la cordura y la locura están separadas de una finísima línea de separación y donde cualquier elemento puede hacer saltar todo por los aires. Gotham es la gran beneficiada de la llegada del director de Memento al universo Batman.

El guión de los hermanos Nolan usa la ultima escena de Batman Begins como plataforma de lanzamiento para el desarrollo de los hechos de El Caballero Oscuro. La llegada de Batman a la ciudad cambia el panorama, como el propio Alfred indica a Bruce Wayne, “ha escupido en la cara de los delincuentes”. En un mundo donde el credo de la venganza y del ojo por ojo está a la orden del día, el siguiente paso lógico es que todos acabemos ciegos.

Tomando como premisa el triángulo establecido entre Batman, Gordon y Dent de El Largo Halloween de Jeph Loeb, Nolan consigue ir un paso más allá y organizar su película en una pirámide con hasta tres triángulos isósceles de relaciones donde descansa todo el poder narrativo de la misma. Al ya mencionado triunvirato de “las fuerzas del bien”, se le suma el triángulo amoroso entre Wayne, Rachel y Dent y aquel que engloba a los tres monstruos de la cinta Joker, Batman y Dent/ Dos Caras. Todos ellos interconectados entre sí mueven los engranajes principales de la historia.

Al igual que en muchas de las películas del cine negro o de la cinematografía americana reciente, en especial del año 2007 donde el cine de Hollywood alcanzó sus mayores cuotas de oscuridad, la lucha entre el bien y el mal es imposible que se resuelva a favor del primero, es por ello que Batman es convertido ya no en un héroe falible, sino en alguien que va dando palos de ciego en una oscuridad que le supera con creces. El Joker de Ledger es una figura más cercana al asesino del Zodíaco propuesto por David Fincher o al Tyler Durden de El Club de la Lucha que a un villano convencional. Es el interruptor necesario para que se encienda la película, un autoproclamada agente del caos que lo único que busca es dinamitar el status quo de una sociedad estancada. Es admirable la planificación de Nolan a la hora de la difusión del caos a lo largo de Gotham. La importancia de las apariciones televisivas del Joker, utilizando las ondas a su antojo para crear confusión y llevar a cabo su plan. Nuestra vida está condicionada por los medios, no hay nada mejor que su manipulación para propagar el caos en una ciudad.

Pero sin duda la gran figura trágica de la película reside en Harvey Dent, víctima de las manipulaciones de Batman/Bruce Wayne y Joker, representante del espíritu y sueños de Gotham y tablero donde Batman y Joker juegan una terrible partida de consecuencias fatales que acaba creando un monstruo llamado Dos Caras. Nolan vuelve a dar una lección de aplomo a la hora de volver a racionalizar un mito de la iconografía del cómic como es la moneda de Dent/Dos Caras, mostrando a un fiscal valiente, que al contrario que Batman no deja nada al azar y todo lo tiene controlado. Cuando Wayne afirma que “él es mejor que yo” es la única vez que no se equivoca durante todo el metraje.

Es importante resaltar el pequeño pero vital papel de dos personajes de este nuevo universo creado por Nolan. En un Batman tan pegado a la realidad cotidiana como el de Nolan, no es de extrañar la aparición casi sorpresiva hacia el final de la película de un sonar, creado por Lucious Fox, que permite escuchar y rastrear todas las conversaciones de los ciudadanos a través de teléfono móvil. No hay que investigar mucho para conocer la llamada Ley Patriota aprobada por los Estados Unidos en la cual en la guerra contra el terrorismo se ha activado un plan mediante el cual se podía escuchar toda llamada entrante o saliente en territorio estadounidense. Algunos críticos americanos han querido ver en la película un mensaje a favor del partido republicano y George Bush, como un alegato hacia la marcial en tiempos de crisis, personalmente no estoy de acuerdo en ello, pero es interesante resaltar que la realidad supera casi siempre a la ficción.

De la misma manera Alfred, interpretado por un breve pero magnífico Michael Caine, añade un poco más de oscuridad a la película obligando al héroe a vivir en la mentira y entregarse a un ideal de justicia sin poder obtener capacidad alguna de redención. Una idea aterradora, viniendo de la figura más cercana a la paterna que tiene Bruce Wayne. Como dice Alfred a Rachel en uno de los mejores momentos de la película: “Tal vez Bruce como Dent creen que Batman representa algo más importante que los caprichos de un terrorista, aún cuando todos les odien por eso. Es el sacrificio que él acepta. No está siendo un héroe, está buscando algo más”

El Caballero Oscuro debería suponer un punto de inflexión en buena parte del cine de alto presupuesto americano y por ende de adaptaciones superheroicas, pero desgraciadamente viendo los resultados monetarios del nuevo estudio Marvel, es más posible que se sigan produciendo películas como si se tratase de una factoría industrial, independientemente de la calidad del producto.